☾ Lunacuento

El guijarro tibio

3-5 años · 3 min · aprox. · Original
El guijarro tibio

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Lejos de allí, donde las olas llegaban suavemente a la orilla, vivía un pingüino llamado Pipo. Le gustaban las tardes de sol y los pequeños tesoros que dejaba el mar.

Pipo vivía en una costa de piedras redondas. Durante el día, el pingüino saltaba de una a otra imaginando que cruzaba islas. Una tarde encontró un guijarro tibio. Lo apoyó contra su pecho y sintió el calor del sol que había recibido. Era como llevar un bolsillo de verano.

Quiso enseñárselo a su hermana, pero ella estaba pescando con los mayores. Pipo decidió guardar la piedra hasta su regreso. La envolvió en una hoja seca y la dejó al lado del nido. Cada pocos minutos la tocaba para comprobar que el calor seguía allí.

Cuando el cielo se puso rosa, la piedra estaba menos tibia. Pipo añadió otra hoja. Cuando el cielo se volvió violeta, la envolvió en un trozo de alga seca. La piedra seguía enfriándose, sin hacer caso de sus cuidados.

La abuela lo encontró construyendo una pequeña muralla alrededor del paquete. —Quiero guardar la tarde —explicó Pipo. Ella se sentó cerca. No le prometió que la piedra conservaría su calor. Le explicó que las cosas tibias se enfriaban cuando el aire estaba frío.

—Entonces mi regalo ya no sirve —dijo él. La abuela desenrolló las hojas. El guijarro tenía una línea blanca que daba toda la vuelta. Parecía un camino sobre una montaña. Pipo nunca lo había mirado tanto; solo se había preocupado por tocarlo.

Con otra piedra dibujó alrededor un mapa en la arena. Hizo la isla del desayuno, el cabo de las cosquillas y una bahía para dormir. Al llegar su hermana, la invitó a recorrer el mapa con la punta de una aleta.

Pipo le contó dónde había encontrado el guijarro y cómo lo había calentado el sol. Su hermana siguió la línea blanca con mucho cuidado. —Parece que ha viajado —dijo. Entre los dos inventaron el último tramo de su viaje: desde la playa hasta un nido acogedor.

La piedra ya estaba fría cuando la colocaron junto a la entrada. No calentaba el nido, pero marcaba dónde empezaba su historia. Pipo se acomodó junto a su familia. Al cerrar los ojos, todavía recordaba la tibieza de la tarde.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Qué había calentado el guijarro?
  2. ¿Qué descubrió Pipo al mirarlo con atención?
  3. ¿Qué dibujó en la arena?