☾ Lunacuento

El zorro y la coneja pasan la página

3-5 años · 3 min · aprox. · Original
El zorro y la coneja pasan la página

Descargar e imprimir el dibujo para colorear de El zorro y la coneja pasan la página →

Había una vez dos amigos, el zorro Lino y la coneja Luna, que vivían a pocos pasos del mismo claro. Les gustaba terminar el día compartiendo algo sencillo: una merienda, una charla o un libro.

El zorro Lino llegó al claro con un libro bajo el brazo. Buscaba un lugar tranquilo para leer antes de dormir. Encontró un tronco ancho, una piedra lisa y un árbol que movía las hojas muy despacio. Eligió el tronco. Abrió el libro por la primera página y apoyó la cola sobre sus patas.

Entonces apareció Luna, la coneja. Traía una manta doblada y dos peras pequeñas. —¿Hay sitio? —preguntó. Lino miró el tronco y se hizo a un lado. Luna extendió la manta para que ninguno se pinchara con la corteza. Dejaron las peras en una hoja grande y acercaron el libro entre los dos.

El cuento hablaba de una semilla que buscaba dónde crecer. Había probado un camino de piedras y una maceta demasiado pequeña. Justo cuando encontraba un jardín, una nube tapó la luna. Lino acercó el hocico al papel. —Ahora no veo las letras —dijo. Luna tampoco las veía. Esperaron un momento, pero la nube parecía tener mucho sueño.

—Podemos inventar lo que sigue mientras vuelve la luz —propuso Luna. Ella imaginó que la semilla crecía junto a un estanque. Lino pensó que un pájaro le llevaba agua en una hoja. Se turnaron para añadir cosas pequeñas: una raíz, dos hojas, una flor amarilla. No necesitaban correr. Cada idea tenía su momento.

Una brisa movió las ramas. La nube se apartó y la página volvió a brillar suavemente. Los amigos pudieron leer el final: la semilla encontraba tierra junto a una casa y una niña la cuidaba. —Nuestro jardín era distinto —dijo Lino. —También puede existir —contestó Luna—. Mañana lo dibujamos.

Compartieron las peras y cerraron el libro con una hoja seca entre las páginas. Luna dobló la manta. Lino le ayudó con las esquinas, que siempre se le escapaban. Después caminaron juntos hasta la bifurcación de sus casas. Se despidieron moviendo las patas. Aquella noche, cada uno soñó con un jardín diferente. Y en los dos había un tronco ancho, un libro abierto y sitio para un amigo.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Qué llevó Luna al claro?
  2. ¿Qué hicieron cuando no podían leer?
  3. ¿Cómo sería tu jardín?