☾ Lunacuento

La carta en blanco del búho

6-8 años · 4 min · aprox. · Original
La carta en blanco del búho

Descargar e imprimir el dibujo para colorear de La carta en blanco del búho →

En lo alto de un roble vivía Bruno, un búho al que le encantaban las cartas. Decía que cada sobre era una pequeña visita que podía llevarse bajo el ala.

Bruno repartía el correo del bosque cada atardecer. Conocía las casas por sus chimeneas: la torcida del tejón, la redonda de las ardillas y la que nunca echaba humo porque pertenecía a un pez. Una tarde encontró un sobre dirigido a él. Dentro había una hoja completamente blanca.

Buscó palabras por delante y por detrás. Acercó la hoja a la lámpara, sin tocar la llama, y la miró a contraluz. Nada. En el sobre reconoció la letra de su amiga Ada, una golondrina que se había marchado al sur. Quizá había olvidado escribir antes de enviarla.

Bruno preparó una respuesta: querida Ada, tu carta llegó, pero está vacía. Antes de cerrar el sobre oyó al tejón llamar desde la puerta. Había recibido una postal con un dibujo tan pequeño que necesitaba los ojos del búho para distinguirlo. Bruno dejó su carta sobre la mesa.

Mientras ayudaba al tejón, una corriente abrió la hoja blanca. De su doblez cayó un granito de arena. Bruno lo recogió con una pluma. No era la arena oscura del río. Era clara, casi dorada. Entonces acercó la hoja a su pico y notó un olor suave, como de hierbas calientes.

En una esquina había una marca redonda. Al principio la tomó por una mancha, pero la marca estaba hundida en el papel. Parecía la huella de una semilla. Bruno recordó que Ada solía guardar cosas entre las páginas de sus libros: pétalos, hebras de lana, una pluma que no era suya.

Llevó la hoja hasta la ventana. Ahora vio una sombra verdosa en el doblez. Allí había descansado una hoja de olivo. Ada le había hablado de los olivos del sur, con sus troncos arrugados y sus hojas que brillaban por debajo. El búho se quedó un rato imaginando a su amiga a la sombra de uno.

Bruno rompió su primera respuesta y buscó papel nuevo. Quería contarle a Ada que el bosque seguía allí, esperándola. Pensó en escribir sobre la lluvia, pero se acordó del sonido que hacían las gotas sobre el cobertizo. Pensó en describir los pinos, pero miró las agujas verdes junto a su ventana.

Al final dibujó la chimenea torcida del tejón. Guardó una aguja de pino en el pliegue y escribió una sola frase: hoy he viajado hasta tu árbol. Después añadió algo necesario: la próxima vez cuéntame si estás bien. Le gustaban las pistas, pero también quería noticias claras de su amiga.

Dos semanas más tarde llegó otra carta. Esta sí tenía palabras. Ada estaba bien y se había quedado sin tinta cuando escribió la primera. Había enviado el papel para no perder la salida del correo, confiando en que sus pequeños recuerdos hablarían por ella. Al final dibujó un olivo y, en una rama, a un búho muy cómodo.

Bruno puso las dos cartas juntas. Una contaba lo que había ocurrido; la otra le recordaba el viaje que había imaginado. Aquella noche terminó el reparto y volvió pronto a casa. Antes de dormir abrió la ventana. El olor del pino entró sin necesidad de sobre.

Un ratito para conversar

¿Y tú qué piensas?

  1. ¿Quién envió la carta a Bruno?
  2. ¿Qué pistas encontró en el papel?
  3. ¿Por qué Ada no había escrito palabras en la primera carta?